miércoles, 4 de mayo de 2016

QUIERO SER... ¡CAPITAN HOOK!

QUIERO SER… ¡CAPITAN HOOK!


            Bueno, primero, y antes que nada, quería aclarar que más que una descripción del curso o la técnica o casos clínicos, creo que sería más interesante explicar por qué me interesé por el método y como pasaron a llamarme desde entonces “Capitán Hook”, de ahí que los derroteros de mi entrada vengan por aquí.
           
            Empecemos…

            Desde el principio de los tiempos, en los albores de la humanidad…, no, va, ahora enserio…

            Tuve la santa suerte, y toda mi vida lo diré, de graduarme como Fisioterapeuta un viernes y el Lunes estar trabajando en la Clinica JJ Boscà, ¿que quiere decir esto?, pues que me ví envuelto en una mega clínica enorme, donde todos los profesionales llevaban ya millones de años formándose y siendo magníficos en sus campos, tanto osteopatía, como RPG, como técnicas miofasciales, todo lo que podáis imaginar, pero con la mayor virtud de todas, que entendían que todo esto era parte de un mismo lugar, la fisioterapia, y por tanto no había totalitarismos ni máximas que impidan combinar tratamientos, y a día de hoy lo agradezco, porque no hay nada más bonito en un día de trabajo que no saber que vas a hacer hoy, es como el arte.
           
            Pues a lo que iba, me hallaba yo tan tranquilo haciendo de sombra de mi querida Pilar (Pilar Mansilla, que tiene varios cursos por aquí y es una megacrack, doy fe) cuando un día la vi coger un estuche negro de un armario, con unos símbolos impresos en el estuche y que ponía Juanjo… yo, ya pensaba, a ver con qué me sorprenden ahora, y de repente, lo abre y veo, ante mí, unos ganchos tipo los que utiliza mi amigo carnicero para colgar los jamones, yo no sabía si era coña o que, pero eso yo no lo había visto en mi vida… recuerdo perfectamente que el paciente tenía un problema en el tendón de Aquiles (en aquel entonces, hace casi 10 años, no teníamos aún ecógrafo y era todo más suposición y test manuales de toda la vida para imaginar que había una tendinopatía, en aquel entonces aún tendinitis…), y me veo a Pilar que hace el trabajo osteopático, equilibra, empieza a dejar todo libre, tumba al paciente boca abajo, y empieza con el gancho… a ganchear, por supuesto, y trabaja el tendón, el periostio, los bordes del calcáneo y de repente le da la vuelta, lo coge por la parte de curvatura mayor del gancho y empieza con soleos y gemelos a meterle caña, y ¡sin miedo! ¡Yo alucinaba! Cosa curiosa, que el tío se levanta, y ya no le duele… entonces ahí, ahí fue el momento que dije yo… esto lo quiero, tengo que aprender, voy a aprender y a exprimirlo como si no hubiera mañana, ¡voy a ser el Capitán Hook!

            Es entonces cuando empecé a estudiar, a leer, a buscar, pero sobretodo, a practicar. Me empapé de apuntes de fibrólisis diacutánea, observé a mis compañeros trabajar y empecé a entender, a correlacionar, a ver en los pacientes, como el trabajo con el gancho me permitía modificar la estructura de un tendón, como con paciencia y un trabajo ordenado, era capaz de introducirme en la misma estructura más básica del tendón y modificarla, no sin la inestimable ayuda de los pacientes que hacen sus deberes en casa. Evidentemente en ese momento te crees Dios, pero para eso están las inescrutables leyes biológicas del cuerpo humano, para darte capón y volverte al mundo terrenal al que perteneces, y como no, para darme a entender que todo no se puede tratar con ganchos, y que, en mi aventura, aún me faltaba conocer otra gran amiga, la electrólisis percutánea, que por ser tan grande, merece un punto y aparte.

            Una vez entendido que no todos los problemas musculares, fasciales, ligamentarios y de tendones se podían tratar con ganchos, decidí probar a combinarlo al unísono con otras cosas. Pensando en que podía ganchear, me encontré un día con una ramita del ciático, justo la que pasa por el seno del tarso, vamos a llamarla “rama del ciático poplíteo externo” y con ella un dolor en la parte externa del tobillo, junto con unas llamativas parestesias localizadas, en una articulación que había sufrido esguinces de repetición, y que cuando estiraba el “isquio” le tiraba como un cable… yo tenía claro el tratamiento, sabía que lo iba a solucionar sin el gancho, que con mis conocimientos de neurodinámica (que no son pocos) iba sobrado, pero quería probar, quería investigar, y vamos, ahí encontré otro filón, los nervios… ¡Se pueden ganchear! Y desde entonces lo vengo haciendo, con diferentes resultados eso sí, y sin la necesidad de que me dieran otro capón…

            Durante años he trabajado así, sin más formación en ganchos que mis conocimientos aprendidos a base de práctica, lectura, y mis aventuras personales, y al final, justo coincidió que me enteré que hacían una formación de fibrólisis en la que compartían mi idea de cómo hacer las cosas, de como trabajar con los ganchos, y descubrí que, evidentemente yo no fui Cristobal Colón, sino que era un tripulante más de la era del arte en fisioterapia y junto a otros profesionales, nos equivocamos en las mismas cosas y a día de hoy nos ayudamos en lo que observamos y correlacionamos con resultados clínicos.

            A día de hoy, ¿qué puedo decir?, que el gancho forma parte de mí, pero no es todo de mí, que trabajo mucho con él, pero que sin el resto de formación que he hecho se queda un poco cojo, que sin entender la alimentación, se queda cojo, que sin entender la psicología, se queda cojo, pero que bien utilizado y guiado es un arma excepcional de trabajo que me ha sacado de más de uno, de dos y de tres apuros. Es por esto, que decidí embarcarme en la aventura de enseñar, de aprender enseñando, y de transmitir todas estas curiosidades y aventuras que me llevaron a cambiar parte de mis manos, de mis dedos, por algo más, por mi gancho.