QUIERO SER… ¡CAPITAN HOOK!
Bueno, primero, y antes que nada,
quería aclarar que más que una descripción del curso o la técnica o casos
clínicos, creo que sería más interesante explicar por qué me interesé por el
método y como pasaron a llamarme desde entonces “Capitán Hook”, de ahí que los derroteros de mi entrada vengan por
aquí.
Empecemos…
Desde el principio de los tiempos,
en los albores de la humanidad…, no, va, ahora enserio…
Tuve la santa suerte, y toda mi vida
lo diré, de graduarme como Fisioterapeuta un viernes y el Lunes estar trabajando
en la Clinica JJ Boscà, ¿que quiere decir esto?, pues que me ví envuelto en una
mega clínica enorme, donde todos los profesionales llevaban ya millones de años
formándose y siendo magníficos en sus campos, tanto osteopatía, como RPG, como
técnicas miofasciales, todo lo que podáis imaginar, pero con la mayor virtud de
todas, que entendían que todo esto era parte de un mismo lugar, la
fisioterapia, y por tanto no había totalitarismos ni máximas que impidan combinar
tratamientos, y a día de hoy lo agradezco, porque no hay nada más bonito en un
día de trabajo que no saber que vas a hacer hoy, es como el arte.
Pues a lo que iba, me hallaba yo tan
tranquilo haciendo de sombra de mi querida Pilar (Pilar Mansilla, que tiene
varios cursos por aquí y es una megacrack, doy fe) cuando un día la vi coger un
estuche negro de un armario, con unos símbolos impresos en el estuche y que
ponía Juanjo… yo, ya pensaba, a ver con qué me sorprenden ahora, y de repente,
lo abre y veo, ante mí, unos ganchos tipo los que utiliza mi amigo carnicero
para colgar los jamones, yo no sabía si era coña o que, pero eso yo no lo había
visto en mi vida… recuerdo perfectamente que el paciente tenía un problema en
el tendón de Aquiles (en aquel entonces, hace casi 10 años, no teníamos aún
ecógrafo y era todo más suposición y test manuales de toda la vida para
imaginar que había una tendinopatía, en aquel entonces aún tendinitis…), y me
veo a Pilar que hace el trabajo osteopático, equilibra, empieza a dejar todo
libre, tumba al paciente boca abajo, y empieza con el gancho… a ganchear, por
supuesto, y trabaja el tendón, el periostio, los bordes del calcáneo y de
repente le da la vuelta, lo coge por la parte de curvatura mayor del gancho y
empieza con soleos y gemelos a meterle caña, y ¡sin miedo! ¡Yo alucinaba! Cosa
curiosa, que el tío se levanta, y ya no le duele… entonces ahí, ahí fue el
momento que dije yo… esto lo quiero, tengo que aprender, voy a aprender y a
exprimirlo como si no hubiera mañana, ¡voy a ser el Capitán Hook!
Es entonces cuando empecé a
estudiar, a leer, a buscar, pero sobretodo, a practicar. Me empapé de apuntes
de fibrólisis diacutánea, observé a mis compañeros trabajar y empecé a
entender, a correlacionar, a ver en los pacientes, como el trabajo con el
gancho me permitía modificar la estructura de un tendón, como con paciencia y
un trabajo ordenado, era capaz de introducirme en la misma estructura más
básica del tendón y modificarla, no sin la inestimable ayuda de los pacientes
que hacen sus deberes en casa. Evidentemente en ese momento te crees Dios, pero
para eso están las inescrutables leyes biológicas del cuerpo humano, para darte
capón y volverte al mundo terrenal al que perteneces, y como no, para darme a
entender que todo no se puede tratar con ganchos, y que, en mi aventura, aún me
faltaba conocer otra gran amiga, la electrólisis percutánea, que por ser tan
grande, merece un punto y aparte.
Una vez entendido que no todos los
problemas musculares, fasciales, ligamentarios y de tendones se podían tratar
con ganchos, decidí probar a combinarlo al unísono con otras cosas. Pensando en
que podía ganchear, me encontré un día con una ramita del ciático, justo la que
pasa por el seno del tarso, vamos a llamarla “rama del ciático poplíteo externo” y con ella un dolor en la parte
externa del tobillo, junto con unas llamativas parestesias localizadas, en una
articulación que había sufrido esguinces de repetición, y que cuando estiraba
el “isquio” le tiraba como un cable… yo tenía claro el tratamiento, sabía que
lo iba a solucionar sin el gancho, que con mis conocimientos de neurodinámica
(que no son pocos) iba sobrado, pero quería probar, quería investigar, y vamos,
ahí encontré otro filón, los nervios… ¡Se pueden ganchear! Y desde entonces lo
vengo haciendo, con diferentes resultados eso sí, y sin la necesidad de que me
dieran otro capón…
Durante años he trabajado así, sin
más formación en ganchos que mis conocimientos aprendidos a base de práctica,
lectura, y mis aventuras personales, y al final, justo coincidió que me enteré
que hacían una formación de fibrólisis en la que compartían mi idea de cómo
hacer las cosas, de como trabajar con los ganchos, y descubrí que,
evidentemente yo no fui Cristobal Colón, sino que era un tripulante más de la
era del arte en fisioterapia y junto a otros profesionales, nos equivocamos en
las mismas cosas y a día de hoy nos ayudamos en lo que observamos y
correlacionamos con resultados clínicos.
A día de hoy, ¿qué puedo decir?, que
el gancho forma parte de mí, pero no es todo de mí, que trabajo mucho con él,
pero que sin el resto de formación que he hecho se queda un poco cojo, que sin
entender la alimentación, se queda cojo, que sin entender la psicología, se
queda cojo, pero que bien utilizado y guiado es un arma excepcional de trabajo
que me ha sacado de más de uno, de dos y de tres apuros. Es por esto, que
decidí embarcarme en la aventura de enseñar, de aprender enseñando, y de
transmitir todas estas curiosidades y aventuras que me llevaron a cambiar parte
de mis manos, de mis dedos, por algo más, por mi gancho.
http://www.instema.net/quienes-somos/profesores/d-francisco-peris/
http://www.juanjosebosca.com/profesionales/francisco-jose-peris-beltran/
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